Ruta 66. Oklahoma City – Flagstaff

Vaqueros y Montañas

Abandonamos la ciudad de Oklahoma sobre las 11:30 de la mañana en dirección sur. Nos salíamos de la ruta original por un día para asistir a un Rodeo en la capital de los Cowboys, Fort Worth. Esta ciudad de 700.000 habitantes se sitúa a tan sólo 20 km de Dallas, así que contando el área metropolitana de ambas ciudades nos da más de 6 millones de habitantes. Tardamos 2 horas en llegar al centro de la ciudad, los últimos 70 km del atasco que había. Lo primero, como siempre era encontrar un lugar para pasar la noche. No Vacancy era todo lo que veíamos en el centro, preguntamos hasta en hoteles de 5 estrellas….menos mal que no tenían sitio. Nos recomendaron un hotel a unos 2 km del centro y hacia allí nos dirigimos, pero a los pocos metros, vimos una especie de Motel (en ruinas) y bajé a preguntar. Casi me cuesta más tiempo cruzar la Avenida, que lo que habíamos tardado en llegar a la ciudad. El lugar lo regentaba una familia de Sri Lanka y nos dijo que en efecto disponía de habitaciones. Las vimos y lo único que puedo decir es que No vayáis a ese lugar. Parecía sacado de una película de terror, en la que sabes que vas a morir. Como ya nos había pasado en OKC, las habitaciones no sólo las ocupaban turistas… Las habitaciones, para qué hablar. No sé cómo pudimos dormir ahí, pero estábamos cerca del meollo de todo. Lo más divertido es que el nombre del Motel era Buena Vista! Nos dispusimos a andar hacia el centro del Stockyard (una especie de mini parque temático para Cowboys) y entonces vimos a un tipo andando por la calle con una pitón albina en el cuello. Le hicimos un gesto de aprobación y a los pocos minutos estábamos en su tienda-colección de reptiles y animales exóticos. Serpientes, arañas, reptiles varios. Tras deambular por la tienda durante 15 minutos nos fuimos a cenar. Aunque eran las 18:00 de la tarde, no habíamos comido nada en todo el día y además a las 20:00 empezaba el Rodeo y teníamos entradas.

Rodeo

Cenamos en The Cattlesmen’s SteakHouse. Restaurante enorme especializado en carne de vacuno, ¿cómo no? Lo más interesante de este lugar es que en la misma carta te adjuntan una lista con todos los grados de cocción para la carne, desde sangrienta y fría a seca y quemada. No sé qué pedimos pero nadie se lo pudo acabar y eso que dispusimos de más de una hora para engullir. De allí fuimos directos al lugar donde se celebraba el Rodeo. Debo admitir que las entradas las compré un mes antes ya que para estos eventos siempre es conveniente tener la entrada por anticipado. Llegamos y recogimos las entradas en una taquilla. Habian dos, una para recoger y comprar entradas y otra para apuntarse como participante….

Entramos y tras encontrar nuestro sitio y después de comprar unas cervezas comenzó el espectáculo…y es que de pronto todo el mundo se puso en pie para escuchar el himno estadounidense, incluso habia varias personas con la mano en el pecho en señal de patriotismo. Empezaron cabalgando toros, más tarde espectáculo a caballo, el lazo y quizás lo más desagradable cuando le tiraban el lazo al cuello de los terneros y los tumbaban los caballos…No estuvo mal, pero podríamos describirlo como una gran americanada…

Billy Bobs

Tras esto nos fuimos a deambular por los locales nocturnos de la zona. Y en pleno Stockyards se encuentra el pub-sala de conciertos más grande donde haya estado. Se llama Billy Bob’s y se autonombra como el garito más grande del mundo. Su dueño es el actor de Hollywood, Billy Bob Thorton y en su interior se puede encontrar desde 2 escenarios para conciertos, cada cual más grande, diversas tiendas, restaurante, unas 7 barras de bar e incluso un recinto para rodeos… Es impresionante. Estuvimos viendo un concierto de southern rock (Mark McKinney) y contemplando el espectáculo de la gente bailando en la pista.

Al día siguiente salimos un poco tarde ya que tuvimos que buscar unas llaves misteriosamente perdidas. Fuimos a dar una vuelta y a desayunar/comer. Entramos en un restaurante a comer un sandwich. Ahí descubrimos la diferencia entre fried chicken sandwich y chicken fried steak sandwich. Le pregunté a la camarera y alucinada nos contestó que la segunda es un filete de ternera….entonces porqué se llama chicken fried steak??? Tras el almuerzo pasamos a la tienda de Tattoos que se encontraba justo enfrente. Queríamos mirar modelos, bocetos. En un principio, no me había planteado grabarme en la piel un dibujo para toda la vida, pero es cierto que la primera o segunda noche se me ocurrió decir que si en este viaje alguien decidía tatuarse, yo le seguiría…Y tras horas, y no exagero, meditando sobre el dibujo que querían mis amigos, me lancé y tras pensarlo 5 minutos, parecía que era yo quién más claro lo tenía. Quería tatuarme el logo de la ciudad donde estábamos, Fort Worth, que no es ni más ni menos en la silueta de una vaca Longhorn. Lo que más nos impactó de ese lugar oscuro, era, aparte de su altar al episodio retratado en la película La Matanza de Texas, que allí no se arrugaban y lo primero que podías leer… “Si vienes a hacerte uno de estos tattoos…Ya puedes dar media vuelta” (mostrando dibujos que puedes encontrar en cualquier lugar del mudo, tales, como mariposas, tribales o corazoncitos). Ya habíamos entrado antes para explicarles qué queríamos y lo dibujaron. Esa segunda vez, era mi turno. Me convenció el dibujo, que tenía aspecto de cuño de Res. Lo tipos se quedaron alucinados que quisiéramos hacernos un dibujo, estilo souvenir. Fui el primero y apenas tardó 15 minutos. Cierto es que no es muy grande. Sobre las 16:00 cogimos el coche y comenzamos otra vez la ruta….destino Amarillo. Esa tarde fue cuando decidimos turnarnos al volante de dos en dos cada jornada y así los otros dos, podían descansar más e incluso beberse alguna cerveza, sin preocuparse de conducir.

Llegamos a Amarillo sobre las 23:00, aunque antes habíamos hecho una parada en algún pueblo en medio de la nada para comprar crema para los tatuajes. Le preguntamos a una dependienta y nos dijo que lo mejor era la vaselina. Además compramos un pack de cervezas y una bandera estadounidense….la típica compra. Era mi turno y la parte de detrás del coche parecía una fiesta. Cerveza, whiskey y yo soportándolos…Quizás fuimos a parar al peor rincón de Amarillo, pero conocimos a la persona más amable de la ciudad. Los borrachos del asiento trasero la liaron un poco en el único restaurante a 2 km a la redonda, de comida rápida, por supuesto y tras eso, nos fuimos al hotel. Al día siguiente me desperté y me comenzaron a contar todo lo que había sucedido esa noche. Ya nos advirtió el dueño del motel que ese barrio era muy malo y que no saliéramos por la noche. Se ve que se empezaron a juntar en el parking grupos de “persons”, con no muy buena pinta, gritando, pegándose, etc. Se ve que subieron hasta la puerta de nuestra habitación…Tras conocer la historia nos fuimos a desayunar. Nos indicó un lugar el dueño tan amable, pero encontramos uno, a nuestro parecer, mejor. Era un bar de moteros un domingo por la mañana y acudían en masa a desayunar!

cadillac

Tras recoger las cosas que habíamos dejado en el motel, nos dirigimos hacia el Cadillac Ranch, 10 antiguos Cadillacs enterrados en fila. Por frikismo, al estacionar escuchamos la canción Cadillac Ranch de Springsteen. Carretera y estábamos en Nuevo Mexico. Buscábamos un lugar para comer, pero sólo encontrábamos desierto a uno y a otro lado. Nos desviamos en varias ocasiones debido a que en el mapa nos indicaban pueblos, pero solamente encontrábamos una casa abandonada al lado de la vía del tren. Al fin en Santa Rosa, la cuál también aparece en Las Uvas de la Ira, comimos y puesto que ese día no me tocaba conducir, me tomé una cerveza…Roswell. El lugar se llamaba Silver Moon.

Ese día decidimos visitar Santa Fe, pero hacer noche cerca de 4 corners, ya que al día siguiente visitaríamos Monument Valley y dormiríamos ya en Flagstaff. Así que tras dar 300 vueltas por Santa Fe, encontramos en centro. La pena fue que ya era de noche, pero se apreciaba una antigua ciudad colonial española (s XVI), con casas hechas de adobe, una iglesia, aunque ya del siglo XIX, era de estilo neorrománico.

La noche acabó sobre las 2 de la madrugada entrando en una habitación del motel donde paramos pensando que podíamos haber estrellado el coche de nuevo….Y es que salí del coche y la persona que conducía también, pero no había puesto el freno de mano. Cuando volví a salir, me encontré a los tres ocupantes riéndose y yo no entendía nada. Aquí os lo explico…. Se ve que no puso el freno de mano y al ser un coche automático si quitas el pie del freno avanza…Pues no en ese momento, así que salió a hacer unas fotos y entonces vio que coche iba directo a la caseta donde me encontraba yo rellenando los papeles para el motel. Los dos ocupantes de detrás iban durmiendo y menos mal que uno se despertó y empezó a girar el volante mientras el conductor intentaba subir de nuevo al coche. Dieron unas dos vueltas, antes de poder frenarlo….Bizarro, no?

Nos encontrábamos en Farmington y ese día debíamos llegar a Flagstaff. Fui a devolver la llaves de la habitación al dueño y cuando me encontraba a escasos 10 metros veo que estaba meando en la calle de espaldas a mí. Hice como si nada y retrocedí alucinado. Cuando vi que acabó se las di y nos fuimos.

Tierra rojiza, el cielo azul, montañas y estábamos en Kayenta. Ya sólo faltaban unos kilómetros hasta Monument Valley, escenario preferido de John Ford, para rodar sus westerns.

Monument Valley

Nos encontrábamos en territorio Navajo, por lo que había que pagar para entrar. Escasos 5$ para admirar esas formaciones rocosas tan extrañas y preciosas. Comimos y tras el tentempié bajamos con el coche a recorrer los caminos de tierra. Serían las 17:00 cuando decidimos ir en dirección sur, pasando de nuevo por Kayenta y Tuba. Pasamos el desvío del Gran Cañón y entonces vimos a un autoestopista. Paramos. Era un joven navajo que se dirigía a Flagstaff. Nos contó su plan de comprarse un camión y le dejamos varios kilómetros antes de la ciudad. Al llegar a Flagstaff buscamos hotel y entonces nos entró un pequeño bajón por los tatuajes…..

Esa noche salimos a cenar a un sitio que conocía bien, ya que estuve viviendo allí durante tres meses y tras la cena nos fuimos a dos cervecerías. En la segunda que visitamos había un Ping Pong y les enseñamos a jugar a los tipos de allí al americano. Les flipó de tal manera que no podíamos parar. Fue una gran noche, pero al día siguiente había que madrugar para ir al Gran Cañón y luego seguir ruta hacia Las Vegas!!

Publicado por David Peris Navarro 7/03/2013