Tierra de lágrimas

Febrero, 2014

Estoy de vuelta. Siempre hay un regreso, como dijo alguien, y éste es el mío. Me encuentro sentado en la habitación de un Motel al norte de Arizona, EEUU. Pensando lo que mucha gente me pregunta…(¿Por qué te vuelves a ir a EEUU? ¿No hay más lugares en el mundo?) Y ¿por qué no venir aquí de nuevo? A parte que este viaje y su propósito es diferente a otros, la respuesta siempre será, «Id y lo sabréis». No es que admire este país y su mentalidad, admiro sus paisajes. El Suroeste me atrapó en su día y lo continúa haciendo. Su tierra roja de sangre atrajo y cautivó a los españoles hace siglos buscando riquezas y lo sigue haciendo a quién quiera que venga y de donde quiera que sea (aunque hoy en día las riquezas que se buscan por allí son bien diferentes a las de hace cinco siglos).

Desiertos y montañas, ríos y lagunas. Edificios esculpidos en roca y adornados tristemente por vegetación secada al sol del invierno. Una tierra de lágrimas derramadas en la historia. Masacres y Guerras. Violaciones y Secuestros. Una tierra robada, recuperada y finalmente saqueada y acorralada. Acorralada por las armas, envenenada por la avaricia y ninguneada por los foráneos. ¿Una ciudad de cartón-piedra? ¡No! es todo real, aunque parece una película…hasta que te encuentras a una persona con la que entablar una conversación. Se empieza hablando de dinero y trabajo, pero hablas de la vida. Le dije, «Mire, yo me he dado cuenta de que las metas que nos ponemos son un engaño. Yo intento hacer lo que quiero y vivir de ello, y si fracaso pues buscaré otra cosa (como dijo aquel sabio, Yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar). Entonces Reserva Hopi, en Arizona se le abrió los ojos, y con la mirada empapada me dijo, «Mi Madre solía decirme, el dinero viene y va pero las personas no. Ayuda siempre a la gente y si alguna vez te faltara algo, te corresponderán» y calló. Nos dimos nuestros respectivos contactos y salí de allí.  Me encontraba en la reserva.


Los Hopi saben mucho de esto que les cuento. Lo tenían todo y se lo quitaron. Viven rodeados y en constante conflicto y ¿para qué? No conseguirán más que odio y autodestrucción. Envenenados por la mentalidad capitalista, dejan de lado su afán por vender cuando te cuentan historias o al menos eso parece. Una Tierra de Lágrimas secadas al sol del desierto que revive con el sonido de una flauta, pero vuelve a morir al venderla. Quizás me acusen de hipócrita ya que soy yo el primero que les compra, pero intento descubrir más cosas antes de cerrar el trato. Los descubro a ellos y me abro a su cultura y tradiciones. Al fin y al cabo es lo que trato de hacer al viajar. Los souvenirs y la artesanía, se romperán, pero los recuerdos, perdurarán.